(REDACCIÓN SELECCIONADA)
Para muchos un árbol es una planta perenne, de tallo leñoso, que se ramifica a cierta altura del suelo; el ser vivo más antiguo que existe desde hace miles de años.
Para muchos un árbol es una planta perenne, de tallo leñoso, que se ramifica a cierta altura del suelo; el ser vivo más antiguo que existe desde hace miles de años.
Otros solo lo ven como un objeto inanimado, inerte, que no tiene sentimientos y solo forma parte de nuestro entorno para adornarlo.
En cambio algunas personas le dan un significado más especial, su primer beso, aquellas tardes de risas con tus amigos, un lugar donde hacer un picnic, donde te evades leyendo un libro, aquella búsqueda desesperada de un poco de sombra en el duro verano…puede tener significados tan extensos para cada persona, momentos que hallan marcado tu vida siempre quedarán grabados allí.
Por ello debemos de saber valorar y apreciar más lo que nos ofrece la naturaleza, esta que ha estado siempre ahí desde hace millones de años y sin embargo intentamos descifrar lo nuevo, la ciencia, la tecnología, sin acordarnos de que no sabemos comunicarnos con nuestro propio entorno, no sabemos descifrar el lenguaje de los árboles, de los animales, de lo natural en sí.
Para mí un árbol es un amigo muy especial al que valoro mucho, ya que siempre está ahí cuando más lo necesito, es un suspiro de armonía y felicidad, es salir y evadirme de la rutina, del estrés diario, para entrar en un mundo fantástico, lleno de magia, donde se respira aire puro, donde te tumbas sobre la hierba y te mezclas con ésta como si formases parte de ella. Tocar la fronda del árbol y sentir sus grietas como manifestación de todos los años pasados y vividos cuando tu no estabas allí...Todo lo que te puede aportar un árbol, su sabiduría, su paz, la armonía y miles de cosas que de éste emanan.
Me encanta sentarme bajo su copa, cerrar los ojos y escuchar el balanceo de la hojas mecidas por la suave brisa, a veces interrumpida por el canturreo de algún pajarillo que se posa en ellas de repente, ver cómo de sus gélidas hojas caían gotas de rocío en aquel invierno, como se cubría su cuerpo vergonzoso de hermosas flores y como volvían a caer, dejándolo indefenso, en todo su esplendor.
En conclusión un árbol puede ser tu mayor amigo y confidente, puede ofrecerte un mundo de sensaciones nuevas y momentos que guardará en los más profundo de sus raíces, debemos valorar más el regalo tan preciado que nos ofrece: su silencio…
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