Muchos autores son los que han ofrecido sus teorías sobre la existencia de los arboles a través de décadas y décadas, podemos nombra como referencia al idealismo platónico como doctrina que se contrapone al realismo y reduce lo que podemos percibir por medio de los sentidos y que es accesible al mero pensamiento, por lo tanto, para este filosofo un árbol se caracterizaría como nascentes y perecederas, del cual tenemos conocimiento sensible, opinión; de lo que es, de la realidad consistente, podemos alcanzar conocimiento inteligible, ciencia.
Descartes trató de excluir las impresiones y el conocimiento por los sentidos, ya que según él, para llegar a una verdad es indispensable alejarse totalmente de los sentidos, que es precisamente a través de lo que percibimos un árbol, por lo tanto tiene que recluirse únicamente en su interioridad intelectual para así, por medio de la razón, llegar a una verdad y preservarse de error, al buscar la verdad se queda únicamente con la razón.
Emmanuel Kant nos dice que "nuestro conocimiento deriva en el espíritu de dos fuentes fundamentales: la primera es la receptividad de las impresiones; la segunda, la facultad de reconocer un objeto por medio de estas representaciones, por lo tanto el árbol estaría dentro de nuestro conocimiento puesto que ha sido percibido y reconocido, por lo tanto conocido.
Según Hegel el árbol seria un conocimiento conceptual, en el cual yo tengo los conceptos de las cosas (esto serían las ciencias en las que hay un efectivo saber), por lo tanto, sé que es un árbol, porque dispongo del concepto adquirido.
Según aristoteles, el árbol tiene existencia puesto que puede ser percibido a través de los sentidos, nos muestra la realidad de las cosas, es decir, todo aquello que no percibimos no existe, por lo tanto los sentidos son fundamentales para la visión del mundo.
Heidegger se pregunta si cuando estamos frente a un árbol realmente está el árbol que vemos o es un simple producto de nuestra imaginación. También cree que lo que vemos es un árbol científico, un simple concepto, pero que además de esta definición científica debemos tener en cuenta nuestras experiencias con el árbol, lo que nos une a él.
Los árboles fueron y son fuente de inspiración para muchos poetas, los árboles nos enseñan sobre lo que es nuestro paso por la vida y nuestra actitud y esperanza para transitar por ella.
La presencia de los arboles según la poesía nos evoca a lo viejo, lo anciano, lo senil, puesto que su vida es longeva, ve y presencia muchas circunstancias habituales de diferentes personas que pasean por sus alrededores, que lo miran, lo tocan, lo observan, lo hacen suyo, o incluso pasan desapercibido, como si por costumbre ya lo tuvieran en su olvido, sin darles la mas mínima importancia a lo que sus sentidos captan, algo habitual y perenne que durante décadas ha estado situado en el mismo lugar, en la misma calle, en el mismo parque.
Otros como yo lo ven como un posible ecosistema para las aves, que fabrican con mucho tesón sus nidos con el fin de que sus crías nazcan y vivan entre sus hojas y sus ramas, cuando estas aprenden a volar y se hacen mayores se dirigen hacia otro árbol y así sucesivamente, por ello veo los arboles como una creación de vida, como algo fundamental para estos y miles de animales que anidan y viven en ellos.
Un árbol me evoca sentimientos, cuando veo sus hojas caer, cuando escucho ese sonido de pájaros aleteando entre sus ramas, esa brisa que acaricia sus hojas haciéndolas bailar, ese aroma a corcho viejo que me hace sentir nostalgia y recordar esos momentos de invierno junto a la chimenea. Y.. ¿Qué pasa cuando ves un árbol y estás enamorado? Que te gustaría sentarte bajo su sombra en una tarde de primavera y sentir ese olor fresco que alimenta la tranquilidad que estás viviendo en ese momento, que te tumbas y ves el cielo a través de sus hojas y se enlazan dos colores el verde y el azul, y sientes como el tiempo no pasa, se para en ese mismo momento en el que piensas en lo maravillo que es sentir, y lo magnifico y perfecto que puede ser el mundo tumbado frente a un árbol.
Este espacio ha sido creado para compartir reflexiones filosóficas y poéticas entre los alumnos del IES Guadiana de Ayamonte y el IES Fuentepiña de Huelva. Se trata de un proyecto didáctico conjunto elaborado por los Departamentos de Filosofía de ambos Centros, y dirigido por los profesores Patricio Domínguez y Venancio Domínguez.
"¿Qué es un espíritu cultivado? Es el que puede mirar las cosas desde muchos puntos de vista." Henry F. Amiel
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Ana Díaz
La primera vez que escuché esa pregunta me pareció simple, es decir, pensé: “¿qué va a ser un árbol? ¡pués un árbol!...” ahora me doy cuenta de que no es tan sencillo y que mi respuesta, obviamente, carece de sentido.
Platón encontraría la definición metafísica, universal y eterna de árbol, y cada tipo sería considerado un caso particular, físico y temporal; así, un manzano y un almendro están englobados dentro de árbol pero a su vez son casos individuales, con vida propia.
Sin embargo, yo me pregunto el por qué de esta cuestión, ¿por qué los seres humanos sentimos la necesidad de ir más allá? ¿por qué siempre queremos saber más de lo que está a nuestro alcance? Y, quizás lo más importante, ¿por qué nos creemos con el derecho de saber cómo son las cosas en realidad? Tal y como diría Kant, nosotros vemos las hojas verdes debido a nuestros ojos, mientras que un gato las verá diferentes; percibimos las cosas según nuestro sistema sensorial (las cosas en nosotros), pero no sabemos como son en realidad (las cosas en sí) o quizás si lo sabemos pero no nos damos cuenta.
Pienso que un árbol no son todas las definiciones y conceptos que podamos explicar sobre éste, tampoco es un conjunto de características y comportamientos biológicos comprobados en un laboratorio, un árbol es mucho más que eso.
Sus raíces buscan un asidero profundo en la tierra que lo mantenga firme, aquella tierra de la que nació y a la que permanecerá unido para siempre como si de una especie de cordón umbilical se tratase y una vez que muera, si algún humano hace caer su tronco cortándolo abruptamente, el árbol seguirá unido a su madre tierra, continuará siempre presente, ya que sus raíces permanecerán bajo la arena, aferradas a la vida.
Al podarlo, el árbol siente dolor al igual que nosotros cuando nos cortan nuestros sueños y esperanzas, sin embargo, la primavera siguiente las ramas del árbol serán frondosas y verdes y las flores renacerán con crecida vitalidad de la misma manera que tras superar un problema las personas nos hacemos más fuertes, florecemos poco a poco, día a día, golpe tras golpe.
¿Es pués un árbol, un ser tan distinto a nosotros como lo consideramos o un hermano más dentro de la gran familia que formamos el planeta Tierra?
Puede ser que cuando se siembran árboles en lugares no autóctonos se sientan extraños y por eso requieran un trato especial por parte de los botánicos, y cuando son pequeños, los arbolitos necesitan el riego y un palo al que apoyarse para que su tronco crezca recto, al igual que un niño necesita apoyarse en sus padres, va creciendo y florece (adolescencia), para finalmente dar frutos (edad adulta).
De pequeña, en la finca de mi casa de campo había un árbol paraíso que tenía unas ramas larguísimas y jugara a lo que jugara el árbol era mi casa. Yo se lo describía a mis primas como un enorme castillo blanco de tejados azules y me encantaba. Hoy comprendo que inconscientemente, consideraba al árbol mi casa debido a mi pasado arbóreo, cuando mis antepasados pre-humanos vivían en ellos y estaban a salvo de todos los peligros… todavía hoy cuando lo miro me veo sentada en aquella rama que era “mía”, cuando con cinco años consideras la vida tu paraíso. Poco a poco crecí y dejé de jugar en el árbol a las princesas, hoy me siento en el lugar de siempre y miro hacia ningun lugar en particular, intentando recordar detalles de mi vida que inevitablemente he olvidado, flores que caen al suelo cada primavera y ramas que soportan los cambios de dirección del caprichoso viento.
Seguramente, si hace algún tiempo alguien me hubiera preguntado qué es un árbol, como mucho hubiera dado la definición científica de éste, pués desde el colegio nos han enseñado las características de hojas perennes y caducas, los tipos de bosques y la climatología en la que habitan, pero hasta dar clases de filosofía nadie me había planteado la posibilidad de que no todo tiene que ser tal y como nosotros lo vemos a diario y de que nuestra vida sigue en relación directa con la naturaleza, así como cientos de preguntas que quizás, debido al ajetreo diario y las incontables asignaturas en las que nunca te piden tu opinión o sentimientos, no me paraba mucho a reflexionar.
En este momento, es a mí a la que también me gustaría cuestionar algo… ¿tiene nuestra mente la capacidad necesaria para comprender en realidad qué es un árbol? ¿de verdad algún día alcanzaremos la sabiduría completa que la ciencia persigue y el por qué de nuestra existencia en la que no tenemos nada preestablecido? ¿por qué tenemos que ser nosotros los únicos dotados de inteligencia?… ¿y si todo lo que nos rodea tiene una inteligencia, poder o sentido que nos supera un millón de veces pero los humanos estamos diseñados especialmente para jamás captarlo y así vivir toda nuestra vida creyendo que estamos cerca de la cima cuando puede ser que sigamos estando en la más profunda de las caverna?
Platón encontraría la definición metafísica, universal y eterna de árbol, y cada tipo sería considerado un caso particular, físico y temporal; así, un manzano y un almendro están englobados dentro de árbol pero a su vez son casos individuales, con vida propia.
Sin embargo, yo me pregunto el por qué de esta cuestión, ¿por qué los seres humanos sentimos la necesidad de ir más allá? ¿por qué siempre queremos saber más de lo que está a nuestro alcance? Y, quizás lo más importante, ¿por qué nos creemos con el derecho de saber cómo son las cosas en realidad? Tal y como diría Kant, nosotros vemos las hojas verdes debido a nuestros ojos, mientras que un gato las verá diferentes; percibimos las cosas según nuestro sistema sensorial (las cosas en nosotros), pero no sabemos como son en realidad (las cosas en sí) o quizás si lo sabemos pero no nos damos cuenta.
Pienso que un árbol no son todas las definiciones y conceptos que podamos explicar sobre éste, tampoco es un conjunto de características y comportamientos biológicos comprobados en un laboratorio, un árbol es mucho más que eso.
Sus raíces buscan un asidero profundo en la tierra que lo mantenga firme, aquella tierra de la que nació y a la que permanecerá unido para siempre como si de una especie de cordón umbilical se tratase y una vez que muera, si algún humano hace caer su tronco cortándolo abruptamente, el árbol seguirá unido a su madre tierra, continuará siempre presente, ya que sus raíces permanecerán bajo la arena, aferradas a la vida.
Al podarlo, el árbol siente dolor al igual que nosotros cuando nos cortan nuestros sueños y esperanzas, sin embargo, la primavera siguiente las ramas del árbol serán frondosas y verdes y las flores renacerán con crecida vitalidad de la misma manera que tras superar un problema las personas nos hacemos más fuertes, florecemos poco a poco, día a día, golpe tras golpe.
¿Es pués un árbol, un ser tan distinto a nosotros como lo consideramos o un hermano más dentro de la gran familia que formamos el planeta Tierra?
Puede ser que cuando se siembran árboles en lugares no autóctonos se sientan extraños y por eso requieran un trato especial por parte de los botánicos, y cuando son pequeños, los arbolitos necesitan el riego y un palo al que apoyarse para que su tronco crezca recto, al igual que un niño necesita apoyarse en sus padres, va creciendo y florece (adolescencia), para finalmente dar frutos (edad adulta).
De pequeña, en la finca de mi casa de campo había un árbol paraíso que tenía unas ramas larguísimas y jugara a lo que jugara el árbol era mi casa. Yo se lo describía a mis primas como un enorme castillo blanco de tejados azules y me encantaba. Hoy comprendo que inconscientemente, consideraba al árbol mi casa debido a mi pasado arbóreo, cuando mis antepasados pre-humanos vivían en ellos y estaban a salvo de todos los peligros… todavía hoy cuando lo miro me veo sentada en aquella rama que era “mía”, cuando con cinco años consideras la vida tu paraíso. Poco a poco crecí y dejé de jugar en el árbol a las princesas, hoy me siento en el lugar de siempre y miro hacia ningun lugar en particular, intentando recordar detalles de mi vida que inevitablemente he olvidado, flores que caen al suelo cada primavera y ramas que soportan los cambios de dirección del caprichoso viento.
Seguramente, si hace algún tiempo alguien me hubiera preguntado qué es un árbol, como mucho hubiera dado la definición científica de éste, pués desde el colegio nos han enseñado las características de hojas perennes y caducas, los tipos de bosques y la climatología en la que habitan, pero hasta dar clases de filosofía nadie me había planteado la posibilidad de que no todo tiene que ser tal y como nosotros lo vemos a diario y de que nuestra vida sigue en relación directa con la naturaleza, así como cientos de preguntas que quizás, debido al ajetreo diario y las incontables asignaturas en las que nunca te piden tu opinión o sentimientos, no me paraba mucho a reflexionar.
En este momento, es a mí a la que también me gustaría cuestionar algo… ¿tiene nuestra mente la capacidad necesaria para comprender en realidad qué es un árbol? ¿de verdad algún día alcanzaremos la sabiduría completa que la ciencia persigue y el por qué de nuestra existencia en la que no tenemos nada preestablecido? ¿por qué tenemos que ser nosotros los únicos dotados de inteligencia?… ¿y si todo lo que nos rodea tiene una inteligencia, poder o sentido que nos supera un millón de veces pero los humanos estamos diseñados especialmente para jamás captarlo y así vivir toda nuestra vida creyendo que estamos cerca de la cima cuando puede ser que sigamos estando en la más profunda de las caverna?
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